Dice un amigo, que estando en desventaja natural con su flora intestinal, tuvo que hacer de cuerpo en un área de servicio de grupo petrolero archiconocido, en su maltrecho estado y con unos aseos penumbrosos tuvo que hacer gala de un espíritu indomable, siendo así por que el interruptor de la luz distaba un trecho del inodoro, dicho interruptor tenía un temporizador que lo mismo te llevaba al siglo veintiuno como a los albores de la civilización, con una duración irrisoria de veinticinco segundos, con esta tesitura se envalentonaba mi amiguete -bueno llamemoslo nuestro, estas aventuras solo se cuentan a los amigos-, hasta que con paciencia consiguió expulsar el resto alimenticio, cada veinticinco segundos el dedo en el interruptor, su aventura distaba un trecho de verse concluida, todavía quedaba la parte higiénica, esa en la que interviene la fibra de la celulosa, OH, NOOOO, ¿y el papel?, tan acelerado se persono en la estancia que no contó con un simpático detalle, la ausencia de ese amigo invisible que nos deja un rollito de esperanza colocado en su portarollo, pero siempre hay soluciones y el la encontró...Una vez solucionado el problema, se presenta ante el lavabo y se dispone a utilizar el grifo para acabar de asearse y descubre que también es de ahorro?, pues sí, tiene que mantener la mano pulsando el dispensador, otro sin sabor de la vida? pues sí, y es que no estamos para derroches, no, hijo no.
Moraleja; cuando el ahorro en tu multinacional veas llegar pon el tuyo a resguardar.
Salud amiguetes, no olvidéis que aquí siempre se os quiere, besitos.